Las Asanas son "posturas" que consiguen fortalecer, flexibilizar, equilibrar y armonizar nuestro cuerpo y que producen un efecto relajante sobre el sistema nervioso y la mente así como el desarrollo y fortalecimiento del poder de decisión y concentración. Se pueden utilizar como fin terapéutico, para activar la circulación sanguínea y mejorar el funcionamiento del sistema endocrino y de los órganos internos. Cada movimiento debe tener una razón de ser. El propósito de estas posturas es mantener la columna y la cabeza derechas para evitar bloqueos energéticos y permitir el libre movimiento de los pranas.
Estabilidad: habilidad en la forma de estar. Construirla buscando su equilibrio y la compensación de fuerzas, de modo que se sustente a sí misma con el mínimo de trabajo muscular y el máximo de eficacia. También el estiramiento y la presión son elementos básicos de una posición, hay que encontrar el centro entre ellos, no llevando la postura más allá del límite de las posibilidades provocando ansiedad o peor aún, dolor.
Relajación: si el punto uno se hizo bien, este otro surge casi espontáneamente; hay que explorar todo el cuerpo y detectar más tensiones que innecesariamente se mantienen; con ayuda de la respiración, aprovechar el momento en que el aire fluye al exterior, para aflojar la fibra muscular, lo que permite la flexibilidad sin tracciones penosas, que provocan un mayor agarrotamiento del músculo.
Inmovilidad: cuando el cuerpo está en equilibrio y al mismo tiempo relajado, surge un estado de agradable y reposada inmovilidad, toda actividad respiratoria, cardiaca, visual y nerviosa se sumerge en el límite de la paralización más absoluta, generando un estado de ingravidez y descanso.
Auto-observación: los puntos anteriores son la preparación para el que nos ocupa, todo es propicio, ahora está todo dispuesto para entrar a la asana.
martes, 16 de octubre de 2007
Asanas
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